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07/01/2004 | Fuente: watchtower.org Volver Atrás

La importancia de la limpieza. Un punto de vista religioso.

La importancia de la limpieza según los Testigos de Jehová.
LA LIMPIEZA no significa lo mismo para todo el mundo. Por ejemplo, cuando una madre dice a su hijito que se lave las manos y la cara, este quizás piense que basta con abrir el grifo y mojarse los dedos y los labios.

¿Cuánta importancia tiene la limpieza?

LA LIMPIEZA no significa lo mismo para todo el mundo. Por ejemplo, cuando una madre dice a su hijito que se lave las manos y la cara, este quizás piense que basta con abrir el grifo y mojarse los dedos y los labios. Pero ella sabe lo que es mejor para el niño, de modo que decide acompañarlo al cuarto de baño para frotarle las manos y la cara con bastante agua y jabón, ¡a pesar de las enérgicas protestas del pequeño!

Es cierto que las normas en cuanto al aseo varían en todo el mundo, y la gente se cría con diversos conceptos sobre lo que constituye la limpieza. En el pasado, el ambiente pulcro y ordenado de las escuelas de muchos países ayudaba a los estudiantes a cultivar buenos hábitos higiénicos. En la actualidad, los patios de algunas escuelas están tan llenos de basura y desperdicios, que parecen un vertedero en vez de un lugar para jugar o hacer ejercicios. ¿Y la sala de clases? Darren, conserje de un centro de enseñanza secundaria de Australia, dijo: “Ahora hay suciedad incluso en las aulas”. Para algunos alumnos es un castigo que les digan: “Recojan la basura” o “Dejen todo limpio”. El problema radica en que algunos maestros utilizan la limpieza como forma de castigo.

Por otro lado, los adultos no siempre son buenos modelos de limpieza, ni en la vida cotidiana ni en el mundo de los negocios. Por ejemplo, muchos lugares públicos están sucios y en malas condiciones. Algunas empresas contaminan el ambiente. Sin embargo, la polución no es causada por empresas y negocios sin rostro, sino por personas. Aunque la codicia es probablemente la causa principal del problema mundial de la contaminación y de sus numerosos efectos adversos, parte del problema obedece a hábitos personales antihigiénicos. Un ex director general de la Commonwealth de Australia secundó esta conclusión al decir: “Todas las cuestiones relacionadas con la salud pública se reducen a la limpieza de cada hombre, mujer y niño”.

Con todo, algunos piensan que la limpieza es un asunto personal que no le atañe a nadie más. Pero ¿es eso cierto?

La limpieza es de suma importancia en lo que tiene que ver con la comida, sea que la compremos en un supermercado o la comamos en un restaurante o en casa de unos amigos. Se espera que quienes preparan y sirven los alimentos que ingerimos mantengan una norma elevada de limpieza. Las manos sucias —sean las de ellos o las nuestras— pueden ocasionar muchas enfermedades. ¿Y los hospitales? ¿No es allí donde esperamos ver más limpieza? The New England Journal of Medicine informó que el hecho de que algunos médicos y enfermeras no se laven siempre las manos tal vez explique por qué los pacientes hospitalizados contraen infecciones cuyo tratamiento cuesta hasta 10.000 millones de dólares anuales. Esperamos con toda razón que nadie ponga en peligro nuestra salud debido a sus hábitos antihigiénicos.

También es un asunto muy serio el que alguien, sea deliberada o descuidadamente, contamine nuestro suministro de agua. Además, ¿con cuánta seguridad podemos caminar descalzos por una playa donde veamos en la arena jeringuillas usadas por drogadictos u otras personas? De mayor importancia aún es el interrogante: ¿somos limpios en nuestro propio hogar?

Suellen Hoy, en su libro Chasing Dirt (Cómo librarse de la suciedad), plantea la pregunta: “¿Somos tan limpios como antes?”. Contesta: “Quizás no”, y dice que la razón principal son los valores sociales cambiantes. Como la gente pasa cada vez menos tiempo en casa, sencillamente contrata a otras personas para que hagan la limpieza por ellos. Por consiguiente, mantener un ambiente aseado ya no es una prioridad personal. “No limpio la ducha, me limpio yo —dijo un hombre—. Si mi casa está sucia, por lo menos yo estoy limpio.”

No obstante, la limpieza implica mucho más que la apariencia externa. Es toda una ética de vida sana. También es un modo de pensar y sentir que abarca nuestras normas morales y nuestra adoración a Dios. Comprobémoslo.

¿Cuál es el verdadero significado
de la limpieza?

EN VISTA de las escandalosas condiciones antihigiénicas de Europa y Estados Unidos durante los siglos XVIII y XIX, los misioneros de aquella época predicaban lo que pudiera llamarse “una doctrina de la limpieza”. Dicha doctrina colocaba la suciedad y el pecado en el mismo plano, y enseñaba que la limpieza acercaba a la persona a Dios. Quizás esto fue lo que popularizó la máxima: La limpieza va aunada a la devoción.

El Ejército de Salvación, fundado por William y Catherine Booth, adoptó ese mismo criterio. El libro Health and Medicine in the Evangelical Tradition (Salud y medicina en la tradición evangélica) dice que uno de sus primeros lemas era: “Saneamiento, sopa y salvación”. Más tarde, cuando Louis Pasteur y otros estudiosos demostraron más allá de toda duda la relación entre la enfermedad y las bacterias, cobró ímpetu la búsqueda de mejores programas de salud pública que tuvieran base científica.

Entre las medidas inmediatas que se tomaron figuró la eliminación del requisito de besar la Biblia cuando se daba testimonio ante un tribunal y de la costumbre de beber todos de la misma taza en las escuelas y las estaciones de ferrocarril. Se procuró incluso sustituir el cáliz comunitario durante los servicios religiosos por copas individuales. En realidad, parece que aquellos pioneros tuvieron bastante éxito en cambiar la actitud de la gente hacia la limpieza. Tanto es así que una escritora se refirió al resultado como “una pasión por la limpieza”.

No obstante, al parecer, esta “pasión por la limpieza” era solo superficial. Al poco tiempo, los comerciantes con iniciativa convirtieron el jabón común en un producto de belleza. Los anuncios ingeniosos convencieron a los clientes de que utilizar ciertos productos para la higiene personal les daría una posición social que los demás no podrían sino envidiar. La televisión perpetúa esta fantasía. A las personas triunfadoras y atractivas que se presentan en los anuncios y en las telenovelas rara vez se les ve limpiando la casa, barriendo el patio, recogiendo la basura o limpiando lo que ha ensuciado su gato o su perro.

También hay quienes piensan que el empleo es lo que sufraga sus gastos, mientras que los quehaceres domésticos u otras tareas de limpieza no tienen ningún valor económico. Además, ¿por qué deberían preocuparse por el medio ambiente, si no van a recibir ninguna recompensa monetaria? Al razonar así, a algunos les parece que la limpieza solo abarca la higiene personal.

Cómo ve Dios la limpieza

No hay duda de que ese empeño inicial por enseñar al prójimo lo que implica la limpieza ayudó a mejorar las condiciones de vida de la gente. Y no debe extrañarnos, pues la limpieza es una cualidad que se origina del Dios santo y limpio, Jehová, pues él la posee. Él nos enseña para nuestro propio bien a ser santos y limpios en todos nuestros caminos (Isaías 48:17; 1 Pedro 1:15).

Jehová Dios es ejemplar a este respecto. La limpieza, así como sus otras cualidades invisibles, se ven claramente en Su creación visible (Romanos 1:20). Observamos que la creación misma no produce ninguna contaminación duradera. La Tierra, con sus muchos ciclos ecológicos, es una maravilla que se limpia a sí misma, y está diseñada para que sus habitantes vivan en condiciones limpias y saludables. Algo tan limpio solo puede ser el producto de un Diseñador interesado en la limpieza. Por lo tanto, de lo anterior deducimos que los adoradores de Dios deben ser limpios en todo aspecto de su vida.

Cuatro aspectos de la limpieza

La Biblia identifica cuatro aspectos de la limpieza que los adoradores de Dios deben esforzarse por conseguir. Examinémoslos uno por uno.

Espiritual. Esta puede considerarse la más importante de todas porque tiene que ver con la perspectiva de la persona de vivir para siempre; sin embargo, suele ser la más desatendida. Dicho sencillamente, ser limpio en sentido espiritual significa nunca cruzar los límites que Dios ha fijado entre la adoración verdadera y la falsa, pues él considera inmunda cualquier clase de adoración falsa. El apóstol Pablo escribió: “‘Sálganse de entre ellos, y sepárense —dice Jehová—, y dejen de tocar la cosa inmunda’; ‘y yo los recibiré’” (2 Corintios 6:17). El discípulo Santiago también es muy específico a este respecto: “La forma de adoración que es limpia e incontaminada desde el punto de vista de nuestro Dios y Padre es esta: [...] mantenerse sin mancha del mundo” (Santiago 1:27).

Dios demostró con claridad que desaprueba el que se mezcle la adoración falsa con su adoración verdadera. La falsa muchas veces incluye prácticas inmundas e ídolos y dioses detestables (Jeremías 32:35). Por ello, se insta a los cristianos auténticos a evitar cualquier contacto con la adoración inmunda (1 Corintios 10:20, 21; Revelación [Apocalipsis] 18:4).

Moral. En este caso, Dios también hace una clara distinción entre lo que es limpio y lo que no lo es. El mundo en general ha llegado a ser tal como se describe en Efesios 4:17-19: “Mentalmente se hallan en oscuridad, y alejad[o]s de la vida que pertenece a Dios [...]. Habiendo llegado a estar más allá de todo sentido moral, se entregaron a la conducta relajada para obrar toda clase de inmundicia con avidez”. Dicho modo de pensar inmoral se refleja de muchas maneras —tanto directas como sutiles—, por lo que los cristianos deben estar vigilantes.

Quienes aman a Dios saben que la prostitución, la homosexualidad, las relaciones sexuales premaritales y la pornografía violan las normas de Jehová en cuanto a la limpieza moral. No obstante, tales prácticas son comunes en el mundo del espectáculo y de la moda. Por eso, los cristianos tienen que protegerse de estas tendencias. Llevar ropa muy corta o reveladora a las reuniones cristianas o a las reuniones sociales dirige innecesariamente la atención al cuerpo humano y manifiesta falta de castidad. Esa forma de vestir introduce un modo de pensar inmundo en la hermandad cristiana, e incluso puede provocar pensamientos impuros en los demás. Este es un aspecto en el que los cristianos tienen que trabajar arduamente para manifestar la “sabiduría de arriba” (Santiago 3:17).

Mental. La mente no debe ser un depósito de pensamientos inmundos. Jesús advirtió en cuanto a esto, al decir: “Todo el que sigue mirando a una mujer a fin de tener una pasión por ella ya ha cometido adulterio con ella en su corazón” (Mateo 5:28; Marcos 7:20-23). Estas palabras son aplicables también a ver fotos y películas pornográficas, leer relatos de actividades lascivas y escuchar canciones cuya letra es insinuante. De modo que los cristianos deben evitar contaminarse abrigando pensamientos impuros que pudieran llevarlos a hablar y actuar de forma inmunda (Mateo 12:34; 15:18).

Física. Según la Biblia, la santidad y la limpieza física están estrechamente relacionadas. Por ejemplo, Pablo escribió: “Amados, limpiémonos de toda contaminación de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1). Por ello, los cristianos verdaderos deben procurar mantener su cuerpo, su hogar y los alrededores de este aseados y ordenados, según lo permitan las circunstancias. Deben tratar de hacer cuanto puedan para mantenerse limpios y presentables, incluso en los lugares donde hay poca agua para lavarse o bañarse.

La limpieza física también excluye el consumo de tabaco en cualquiera de sus formas, así como el abuso del alcohol y las drogas, pues tales prácticas contaminan y dañan el cuerpo. Al pastor que se menciona en El Cantar de los Cantares le agradaba la dulce fragancia de la ropa de la sulamita (El Cantar de los Cantares 4:11). Cuidar de nuestra higiene personal es un proceder amoroso, ya que no queremos ofender con olores desagradables a quienes nos rodean. Los perfumes y colonias pueden ser placenteros, pero no eliminan la necesidad de que nos bañemos y nos pongamos ropa limpia regularmente.

Cómo mantener el equilibrio

En lo que respecta a la limpieza física, las personas pueden irse a los extremos. Por un lado, ser fanático en este asunto puede robarnos el gozo de vivir y consume, además, mucho tiempo valioso. Por otro lado, suele resultar muy costoso reparar los hogares sucios y desatendidos. Entre ambos extremos hallamos el modo práctico y equilibrado de mantener nuestro hogar limpio y presentable.

Mantenga su entorno sencillo. No es fácil limpiar casas o habitaciones atestadas de objetos ni tampoco ver la suciedad que se acumula. Los hogares modestos que no están recargados requieren menos tiempo para limpiarlos. La Biblia aconseja que llevemos una vida sencilla, al decir: “Teniendo, pues, sustento y con qué cubrirnos, estaremos contentos con estas cosas” (1 Timoteo 6:8).

Mantenga su entorno ordenado. Tener un hogar limpio es responsabilidad de todos sus ocupantes. Las habitaciones desordenadas a menudo resultan en hogares desordenados. Ordenar implica mantener todo en su debido lugar; por ejemplo, el lugar de la ropa sucia no debe ser el suelo del dormitorio. De mayor seriedad aún son los juguetes y las herramientas que no se guardan, ya que pueden representar un peligro, pues gran parte de los accidentes domésticos se deben al desorden.

Es obvio que la limpieza y el modo de vivir cristiano son inseparables. Refiriéndose a la vida piadosa, el profeta Isaías habla del “Camino de la Santidad”. Y añade algo que nos hace pensar. Dice que por dicho camino “el inmundo no pasará” (Isaías 35:8). En efecto, el que ahora cultivemos buenos hábitos de limpieza es prueba sólida de nuestra fe en la promesa de Dios de que pronto establecerá un paraíso limpio en la Tierra. Entonces, en todas partes de este hermoso planeta, la humanidad entera glorificará a Jehová Dios siguiendo de lleno Sus perfectas normas de limpieza (Revelación 7:9).





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