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28/02/2008 | Fuente: Higiene ambiental |
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Tres factores contra el moho
Cuando tenemos algún escape de agua accidental que moja suelos y alfombras parece una buena idea poner en marcha rápidamente un ventilador, abrir las ventanas o ajustar el sistema de aire acondicionado. Desafortunadamente, tomar sólo este tipo de decisiones puede dar más problemas de los que resuelve. El agua es diariamente un visitante indeseado en muchos edificios: reventones en tuberías, rincones húmedos en veranos muy calientes, suelos que no se secan suficientemente rápido después de haber limpiado, etc. Claramente, el agua juega un papel crítico en términos del mantenimiento diario. El agua y el moho pueden causar grandes daños a todas las partes de un edificio (no sólo al suelo o las paredes sino también al mobiliario, documentos...). Cuando el moho permanece durante demasiado tiempo la calidad de aire interior se ve severamente comprometida: a más tiempo con altos niveles de humedad, mayores son las posibilidades de que los ocupantes del edificio enfermen. En el caso contrario: a más rapidez en secar el área húmeda, menos peligro tenemos de que se desarrollen este tipo de problemas. Secando rápido (y bien) La clave para un secado efectivo es focalizar en la necesidad de crear una rápida evaporación, lo que puede conseguirse a través de la adición de energía al agua y la eliminación del moho. Para ello, hay que controlar tres factores ambientales: humedad (moho en el aire), flujo de aire y temperatura. Hay un error conceptual común que consiste simplemente en aumentar el flujo del aire, ya sea a través de ventiladores o del aparato de aire acondicionado. Esto no suele ser suficiente, y lo que se consigue en muchos casos es simplemente remover la humedad en el ambiente. Por ello es necesario considerar los tres aspectos mencionados directamente. Humedad: juega un importante papel, ya que la cantidad de moho en el aire afecta directamente a la cantidad de moho en las superficies. Reducir la humedad en el ambiente crea una ausencia de moho en el aire, lo que facilita la evaporación. Flujo de aire: remover el aire va a provocar que el moho de las superficies pase al aire, donde los deshumidificadores pueden eliminarlo. De hecho, el movimiento de aire agiliza el proceso porque asegura que el aire seco creado por los deshumidificadores va a entrar en contacto continuo con los materiales húmedos. Temperatura: uno de los factores más olvidados en el secado es la temperatura, pero es algo que debe considerarse necesariamente. Es una evidencia científica que el calor incrementa la eficacia del secado, ya que añade energía a las moléculas de agua haciéndolas mover más rápido y cambiando su estado de líquido a vapor. |
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