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09/11/2002 23:28:40 | Fuente: Volver Atrás

La incidencia en el sector de la limpieza de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales

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Dentro del marco de la feria de limpieza profesional Pulire España 2002, Santiago González Ortega, Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad Carlos III de Madrid, impartió una conferencia titulada 'La incidencia en el sector de la limpieza de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales'

1. Rasgos o principios generales de la normativa de prevención

Después de transcurridos más de seis años desde la entrada en vigor de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales (1995), pueden identificarse sin dificultad los que pueden ser los elementos o rasgos más característicos, e innovadores, de esa norma y de todo el desarrollo normativo posterior, tanto reglamentario, como convencional o técnico.

El primero de ellos se resume, sin duda, en la idea de seguridad integrada. Como dice el art. 15 de la Ley: 'un conjunto coherente que integre la técnica, la organización del trabajo, las condiciones del trabajo, las relaciones sociales y la influencia de los factores ambientales en el trabajo'.

Con ello se quiere indicar que la dimensión de la seguridad ha de incluirse en la planificación y en el diseño general de la actividad productiva; que no puede ser solamente un factor externo que entre en consideración exclusivamente a posterior¡, para atenuar o reparar los daños producidos. Por el contrario, la seguridad debe formar parte de la visión general de la empresa desde el primer momento de su diseño como actividad. Esto se manifiesta en el propio concepto - que la Ley (art. 4) define de lo que debe considerarse riesgo laboral: cualquier posibilidad de daño vinculada al trabajo, y de lo que son condiciones relevantes en el terreno de la salud laboral, incluyendo tanto procesos, actividades, operaciones, equipos, o productos como condiciones de locales e instalaciones, procedimientos de manipulación y de trabajo, e incluso, 'todas aquellas otras características del trabajo, incluidas las relativas a su organización y ordenación, que influyan en la magnitud de los riesgos a que esté expuesto el trabajador. Las previsiones específicas en sectores como la construcción, respecto a los planes de seguridad y los coordinadores, son un ejemplo de esa preocupación por una visión integrada de la salud laboral como factor interno del propio proceso de trabajo. Como también se manifiesta la dimensión general e integral de la seguridad en las obligaciones empresariales de planificación, de evaluación previ . a y de atención a la propia evolución de la técnica preventiva.

La idea de seguridad integrada lleva a otros rasgos centrales de la Ley de Prevención. Concretamente, al de Prevención. Sin duda, la Ley rechaza un enfoque exclusivamente reparador o defensivo frente a los riesgos laborales poniendo el énfasis en las medidas que están dirigidas a evitar o disminuir los riesgos del trabajo. De aquí que el art. 15 de la Ley se aplique a establecer los principios de la acción empresarial en este campo insistiendo en la evitación del riesgo, en la necesidad de combatirlo en su origen o en las causas que lo provocan, en la sustitución de lo peligroso por lo que entrañe poco o ningún peligro. También aquí la atención a la evolución técnica, a la adaptación del puesto de trabajo y de las tareas a las condiciones de los trabajadores y la exigencia de una prevención colectiva antes que meramente individual, son exigencias que expresan esa preferente preocupación preventiva.

A su vez, el diseño preventivo integrado se manifiesta en un amplio cuadro de obligaciones empresariales, desde las generales o de principio como las que se refieren a una planificación de la prevención, hasta las específicas de medidas de emergencia, pasando por las de información, formación, participación de los trabajadores o vigilancia de la salud. Sin duda alguna, dentro de estas obligaciones, siempre reforzadas por la especial exigencia de diligencia, control y cuidado, destacan las instrumentales de evaluación de riesgos y de preceptivo asesoramiento técnico. En cuanto a la primera (art. 16 de la Ley y núcleo del Reglamento de los Servicios de Prevención) se ha convertido en el eje de la actuación empresarial dirigida a valorar la agresividad del medio de trabajo, a buscar las causas de los accidentes y enfermedades, a analizar la adecuación del mismo a las características de los trabajadores, a detectar las carencias formativas, a sugerir las medidas alternativas a adoptar, a determinar el plan de actuación empresarial en este campo.

En cuanto a la segunda, la obligación de confiar el estudio del medio, la propuesta de niedidas de tutela, el control de su eficiencia y de sus resultados, o la función formativa queda encomendada por la Ley, en los términos del Reglamento de los Servicios de Prevención, a órganos técnicos, internos o externos, suficientemente ente especializados y competentes en la materia. La efectividad de la tutela real de la salud como objetivo se sobrepone a la mera disposición a conseguirlo, determinando las opciones organizativas empresariales en este terreno.

Para la Ley, poco o nada se haría en el terreno de la prevención de riesgos sin, entre otras, tres herramientas de actuación, también propias obligaciones instrumentales del empresario. Se trata de la participación de los trabajadores, que permite el intercambio de información la manifestación de los problemas concretos y de las inquietudes de quienes desarrollan en primera línea la actividad productiva, el contraste aplicativo de las medidas adoptadas, de la información en seguridad un instrumento imprescindible de conocimiento del medio de trabajo, de sus riesgos, de las posibilidades de afrontarlo y de las medidas a adoptar cuando se presenta y de la formación como cualifiación personal y profesional necesaria para abordar con garantías la protección de la salud; una formación general, dirigida tanto a los empresarios, a los trabajadores, a los integrantes de los órganos técnicos de prevención o a los representantes de los trabajadores; y un fundamento básico para la creación de la denominada cultura de seguridad o de prevención.

 

 

 

La Ley de Prevención no sólo exige del empresario una protección general de la salud del trabajador sino que, además, deriva esa garantía de forma particularizada y reforzada hacia colectivos concretos. No se trata ya sólo de que el empresario deba prever las propias distracciones e imprudencias del trabajador (art. 15.4), o que tenga que adaptar las exigencias del puesto de trabajo a las características personales del trabajador (art. 15,1), o que deba formar e informar de manera adaptada a los trabajadores a su servicio. Además de estas obligaciones, el empresario habrá de tener en consideración particular, mediante una tutela selectiva, a grupos especialmente vulnerables en el terreno de la salud laboral. Desde los menores hasta las mujeres o embarazadas, los trabajadores temporales o los trabajadores especialmente sensibles a determinados riesgos (arts. 25 a 28 de la Ley), encuentran así una protección particularizada en cuanto a su seguridad y a su salud laboral. Finalmente, la Ley de Prevención esfuerza de forma extraordinaria las responsabilidades empresariales, asociándolas muy directamente con las obligaciones e incumplimientos posibles a partir de un juicio muy estricto de la diligencia exigible al empresario. Esas responsabilidades se caracterizan además por ser múltiples (penales, civiles, administrativas, de seguridad social) y compatibles entre sí, de manera que constituyen un cuadro de responsabilidades dotado de un altísimo poder disuasivo.

2. La prevención de riesgos en el sector de limpieza

Todos los principios, exigencias, obligaciones y responsabilidades mencionadas se proyectan sin duda sobre el sector de las empresas de limpieza de la misma forma que respecto del resto de las actividades productivas. No obstante, y por motivos fáciles de entender, las exigencias de salud laboral se singularizan en razón de la concreta actividad, de la estructura del sector, del nivel formativo de los trabajadores, de la dimensión de la empresa, de su capacidad económica y de los riesgos particulares que se producen con mayor frecuencia. Pues bien, en el sector de las empresas de limpieza puede decirse que existen circunstancias singulares a las que debe prestarse atención en el terreno de la salud laboral. Se trata de las siguientes:

a) la normal externalización de los servicios de las empresas en lo que hace a la limpieza; lo que significa que las empresas de limpieza especializadas deben realizar normalmente sus tareas en instalaciones ajenas, en un medio del que no se tiene la información completa y sobre el que la empresa de limpieza carece de control;

b) la variedad de las actividades a las que se dedican las empresas receptoras del servicio; lo que provoca que la actividad de limpieza haya de realizarse en contextos productivos y de seguridad muy variados, desde la oficina a la limpieza industrial, desde las zonas públicas a los espacios hospitalarios o de industrias peligrosas;

c) la estructura del empleo, normalmente deficitario en cuanto a la formación personal, con una articulación funcional y competencial no adaptada a las nuevas exigencias y fuertemente temporalizado, ya sea de forma directa o indirecta (empresas de trabajo temporal);

d) la dispersión del trabajo y la reducida dimensión de las empresas, lo que significa un obstáculo muy fuerte para el ejercicio de las funciones representativas o para el control mismo de la actividad;

e) la reducida cultura preventiva, expresada en una falta de valoración de la relevancia de la seguridad, tanto desde el punto dé vista empresarial como de los propios trabajadores, en la habituación al riesgo, en la escasa predisposición a inversiones en materia preventiva sólo rentables de forma difusa y a medio plazo, en la frecuente monetización de la salud.

Frente a estas circunstancias, las medidas a adoptar, al margen del cumplimiento de las exigencias generales que se han mencionado al inicio, pueden orientarse, en la búsqueda de un estándar mayor de seguridad y salud laborales en la siguiente línea:

a) una intensificación de las obligaciones de coordinación empresarial, de transmisión de la información y de las responsabilidades compartidas;

b) una especial atención a la dimensión formativa de empresarios y trabajadores, acompañando a un proceso de revisión de estructuras funcionales y de cometidos, competencias, y habilidades para las tareas encomendadas, incluyendo la dimensión de la seguridad y no sólo la meramente profesional;

c) un fomento de la participación de los trabajadores, de su responsabilización colectiva en el tema de la seguridad y de la búsqueda de formas representativas adaptadas a la dimensión y a la dispersión de la empresa;

d)un abanico de medidas de apoyo a la empresa tanto en lo que hace a los costes, al asesoramiento técnico, al diseño preventivo o a las políticas internas de seguridad;

e) medidas de creación de un clima cultural preventivo, de difusión de la necesidad, la posibilidad y la conveniencia de la seguridad.

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