Los Juegos más limpios de la historia
- Mires a donde mires en los rincones olímpicos, siempre verás a un voluntario chino, o varios, limpiando con fruición.
Ya sea en los baños, en las mesas de los comedores, en las escaleras mecánicas e incluso en las pistas de tenis, la obsesión por la limpieza lleva a que los de Pekín 2008 se puedan considerar, sin exageración alguna, como los Juegos "más aseados" de la historia.
Tanta dedicación a la limpieza hace que se vivan escenas sorprendentes para los ojos occidentales. Así, se puede tropezar uno a la puerta de un baño de dos plazas con siete,¡siete!, empleados uniformados listos para pasar el paño inmediatamente después de que se abandona el lavabo.
Hombres y mujeres te reciben a la puerta del baño con amplias sonrisas y de despiden de la misma forma. Luego, no pierden un segundo en asear la estancia.
En las alargadas mesas del comedor del Centro internacional de Prensa, también es habitual ver a los empleados limpiando a fondo las zonas que van abandonando los periodistas, mientras otros siguen engullendo en el otro extremo.
Otros se dedican a asear las escaleras mecánicas. Su método de trabajo es simple: mojan los limpiadores y, arrodillados en un escalón, bajan con ellos pegados a los cristales laterales.
La escena más insólita tal vez es la que se ha visto en la cancha de tenis -"Olympic Green"- en los días de lluvia. La cancha no se cubre con lonas. Una vez que deja de llover, salen a la cancha esforzados voluntarios que tratan de absorber el agua con toallas. Dure lo que dure la limpieza, no hay otro método.
En judo, el intervalo de las sesiones de combates de la mañana y la tarde pone en acción a otra cuadrilla que limpia el tatami y los asientos del público.
En un país de 1.300 millones de habitantes, todo parece que hay que ejecutarlo en grupo.
Para resolver el problema de una plaga de algas en las costas de la ciudad de Qingdao, sede de las pruebas de vela durante los Juegos en el Mar Amarillo, se movilizaron 3.000 personas y casi un millar de barcos, que retiraron 50.000 toneladas en pocos días.
La campaña higiénica para erradicar las "malas costumbres" de la población china en público, como escupir o abandonar la basura en la calle, están dando resultados al menos ante los ojos de los miles de visitantes extranjeros ligados a los Juegos.
La introducción de multas de hasta siete dólares (unos cinco euros) para aquellos que fueran cazados escupiendo en Pekín ayudó a frenar la costumbre, también extendida entre los taxistas, junto con la de comer dentro del vehículo.
El trabajo en grupo también se extiende a los bares, donde servir una cerveza puede convertirse en un trámite largo, ya que uno pregunta al cliente qué desea, otro acude al frigorífico a buscar la bebida, un tercero destapa el vidrio y un cuarto cobra. Todo ello bajo la atenta mirada del encargado.
Las barras del bufet del Centro de Prensa bullen también de voluntarios, tocados con un gorro de plástico y con guantes en las manos para servir la comida. A veces, parece que se pelean entre ellos por la entrega de las bandejas al cliente.
El plan de los organizadores de ofrecer durante los Juegos "comida segura" se extiende a la Villa de los atletas, donde conviven 20.000 habitantes, de los cuales algo más de 5.000 son personal de seguridad, limpieza y mantenimiento.
El comedor puede ofrecer casi 5.000 raciones a la vez y las previsiones son que durante los Juegos se consuman unas 200 toneladas de carne.