| BILBAO | 30/10/2004 | Fuente: GARA | Volver Atrás |
La huelga más larga en la historia reciente de Euskal Herria cumple hoy un año sin entrar en vías de solución. La plantilla de Caballito asegura que la empresa no ha dado pie a ningún acuerdo y no ha tenido nunca intención de alcanzarlo. La dirección prefiere «pasar página» y dice que ha comenzado una nueva etapa.
Cuando el 30 de octubre de 2003 los trabajadores de Pferd Rüggeberg empresa de Gasteiz conocida como Caballito y dedicada a la fabricación de discos abrasivos iniciaron una huelga por el convenio nadie esperaba que un año después seguirían en la misma situación. A lo sumo daban una semana o, según los cálculos más realistas, hasta que la empresa agotara los discos almacenados. En ningún caso más allá de diciembre. Pero las reivindicaciones por el convenio se fueron enredando con planes sobre excedentes de personal, despidos y amenazas de deslocalización. Hoy continúan 114 personas en huelga.
«El ejercicio del derecho fundamental de la huelga se ha convertido en una condena de la empresa que no quiere facilitar un acuerdo para que volvamos todos a trabajar», afirma Pablo Gutiérrez, del sindicato ELA. En su opinión, la empresa en ningún momento ha dado pie a una negociación.
La primera reunión para negociar el convenio tuvo lugar en febrero de 2003. Hasta setiembre «recibimos largas cada vez que íbamos al Preco. En octubre hubo paros parciales en dias alternos y el día 30 se inicia la huelga de manera indefinida, y nunca mejor dicho», señalan los trabajadores.
«A la huelga nos condenaron a salir», aseguran al recordar ofertas como un convenio de seis años de vigencia sin subida salarial en cuatro años, el IPC para los dos restantes y sin garantías seguras de empleo.
En su opinión, la empresa incluso podía pensar en sacar beneficio de la huelga para vaciar sus almacenes.
Los cambios en las condiciones laborales venían condicionados por el traslado a una nueva planta, donde «íbamos a producir el doble y ganar menos dinero, porque la empresa se ahorraba pluses de fines de semana y primas que suponen hasta el 30% del salario».
¿Por qué no se ha llegado a un acuerdo después de un año de huelga? «Eso es lo que nos preguntamos», afirman los trabajadores. Si en un principio se achacó a la intransigencia del gerente, ahora creen que la postura de la dirección procede de los dueños alemanes. Además, no descartan que intente ocultar que «las máquinas de la nueva empresa tienen fallos».
«Ya no pedimos nada»
En cualquier caso, estiman que «la razón de que no exista un acuerdo ni un escenario de negociación es porque la empresa no quiere». Así, recuerdan que «ya no pedimos nada. Ha llegado un momento en el que nos hemos olvidado de convenio y sólo pedimos la readmisión de los despedidos y el mantenimiento de los puestos de trabajo». Además, esta reclamación sólo valdría ya para los próximos dos años, ya que casi se han consumido ya otros dos de supuesta vigencia del convenio pendiente. El comité de empresa tiene la impresión de no haber comenzado nunca a negociar de verdad. Sólo cuando en abril, el propietario alemán, Thomas Rüggeberg, vino a Euskal Herria, creen que se abordaron contenidos. «Manteníamos la esperanza de que tuviera más sentido común que el gerente de aquí, pero insistió en que era una guerra política del sindicato ELA. Respondimos que aceptamos cualquier propuesta que apruebe la asamblea, pero sólo acata la decisión si sale lo que él plantea».
Por ello, estiman que es la multinacional la que ha entendido que «inversión es sinónimo de excedente. No vamos a asumir que después de 38 años ganando dinero en Alava y con una inversión de 700 millones de pesetas, quieran discutir con nosotros cuánta gente sobra. Queremos hablar de empleo pero de los puestos que se crean, no de los que quieren destruir», afirma Gutiérrez. En julio, la asamblea de trabajadores en huelga propuso poner fin al conflicto con la mediación de un tercero, posibilidad que la empresa rechazó al haber alcanzado un acuerdo con UGT. Este acuerdo fue rechazado por la mayoría de los empleados, aunque provocó la entrada de algunos a trabajar. Hasta ahí llegó la dirección.
«Quiere que los trabajadores, de uno en uno o en grupo, vayan a trabajar sin ningún tipo de acuerdo y con el empleo absolutamente en sus manos», afirman los trabajadores. Uno de los empleados que ya ha trabajado en la nueva planta y conoce las nuevas máquinas asegura que «podría sobrar gente mientras la fábrica se ponía en marcha, pero luego iba a tener que coger gente».
La dirección habló en un principio de un excedente de 25 personas, pero los trabajadores se quejan de que ni siquiera dio opción a negociar un expediente de regulación, indemnizaciones o prejubilaciones para que el que quisiera se fuera. La razón, es según ellos, que «pretende que se marchen los que la empresa quiere: mujeres y gente mayor que no puede seguir el ritmo de las máquinas».
En el último semestre los encuentros que se han producido han sido a petición de los trabajadores. En setiembre plantearon que la única salida es el acuerdo entre las partes de manera directa o que un tercero pusiera una solución encima de la mesa y fin al conflicto.
Pero la empresa ya ha abandonado este escenario. Según explicaron fuentes de la misma, «nosotros estamos en una nueva etapa y queremos pasar página».
«Todo agotado»
Aseguran que se han puesto buenas propuestas encima de la mesa, pero que no han resuelto nada. Por ello, la dirección apuesta por «renovar el marco de relaciones.Todo lo demás está agotado». Por ello, encargó a la empresa Ernst & Young la elaboración de un plan industrial para organizar la estructura de la empresa «con criterios rigurosos, técnicos y empresariales» destinados a «una nueva fábrica, muy distinta, con tecnología punta».
«Esperamos que el comité vea también este plan como una nueva oportunidad», señalaron las mismas fuentes. El informe estará elaborado para mediados de diciembre .
Pero los trabajadores desconfían y cuestionan la credibilidad del plan «si lo está pagando la propia empresa».
Un año en huelga ha cambiado su vida. En el aspecto personal, explican que no pueden hacer una vida normal o disfru- tar de la familia porque «parece que sales a la calle y no puedes divertirte y tienes sensación de culpabilidad si estás sin hacer nada o alegre». En algunos casos se añaden presiones de la familia y se han extendido los problemas de de- presiones.
Económicamente han recurrido a las cajas de resistencia, pero no todos los sindicatos cuentan con ellas, por lo que ha sido necesaria la solidaridad de los ciudadanos de Gasteiz. Además, aseguran que el hecho de que la mayoría de la gente sea mayor ha dado mayor estabilidad a las economías familiares. Aun así, calculan que «en este año hemos perdido alrededor de dos millones de pesetas por persona además de lo que hemos dejado de cotizar. Es como la mili, otro año perdido de nuestra vida. Un año en el que en la hoja laboral va a aparecer en blanco». Los mayores de 50 años verán además reducir sus tablas de cotización de cara a la jubilación. Pero también subrayan «la unidad y la convicción y el orgullo de estar convencidos de lo que es lo que tenemos que hacer» como un soporte fundamental.
¿Hasta cuándo puede durar la huelga más larga en la historia de Euskal Herria? «Todo tiene un fin y el de este conflicto está en manos de la empresa», afirman.
Aunque su intención no es convertirse en punta de lanza de nada, señalan que «indirectamente también están luchando por otros trabajadores, para que no haya despidos abusivos a gente por baja productividad porque ha estado de baja», como ha ocurrido con dos operarias de Caballito.
En este momento, ocho trabajadores, incluido el presidente del comité, están despedidos. Dos fueron las empleadas a las que se achacó baja productividad cuando estaban de baja y el resto se produjo durante la propia huelga. Su readmisión es otra de las condiciones de la plantilla para poner fin a la huelga. Las demandas contra trabajadores se recogen en más de veinte folios, pero hasta ahora todas las denuncias han sido archivadas por los juzgados. -
GASTEIZ
Una negociación que comenzó hace veinte meses y no ha avanzado
Un año de manifestaciones, acampadas, intentos fracasados de mediación, jornadas de solidaridad, despidos y sanciones no han acercado la posibilidad de un acuerdo en Caballito.
Enero de 2003 - Comienza la negociación del convenio. La empresa plantea un 4%de subida para el primer año y el IPC para los siguientes, pero señala que eliminará 25 empleos por el traslado a las nuevas instalaciones.
Octubre de 2003 - La empresa ofrece un 0% de subida y un vigencia de 6 años, y aumenta la jornada propuesta inicialmente. Supone repartir el coste del «excedente» entre el resto de la plantilla. Comienza la huelga.
Noviembre de 2003 - Una sentencia declara improcedente el despido de dos trabajadoras que la empresa quiere solventar con indemnizaciones.
Diciembre de 2003 - La empresa anuncia que comprará la producción en otros países. La dirección alemana respalda a la gerencia de Gasteiz. Ofrece un 2%de subida para dos años y luego el IPC. Los trabajadores no ven garantías sobre el empleo.
Enero de 2004 - La empresa comunica el despido a otros dos trabajadores por «amenazas y agresiones». Los trabajadores instalan una caravana en el Artium.
Febrero de 2004 - La empresa exige una votación entre la plantilla. Abandona la negociación. Resolución del Parlamento de Gasteiz por la mediación.
Marzo de 2004 - Lakua plantea propuestas que no prosperan. La Ertzaintza carga contra un piquete en la empresa y se producen varios heridos.
Abril de 2004 - La asamblea de trabajadores rechaza la propuesta de la empresa. La dirección despide a otros dos trabajadores. Se instala la caravana frente a la Catedral. Thomas Rüggeberg negocia con el comité directamente. No hay acuerdo. Dice que no habrá más negociaciones y lanza una última oferta que los sindicatos rechazan por no garantizar el empleo. Aun así, se somete a votación y se vuelve a rechazar.
Junio de 2004 - La Ertzaintza expulsa a los trabajadores de Ajuria Enea. Jornada de paros y movilizaciones en apoyo a los trabajadores. Los empleados que no secundan la huelga denuncian amenazas. La empresa pide que un árbitro tome una decisión de obligado cumplimiento para las partes. Los trabajadores plantean una mediación que no ponga en riesgo la garantía del empleo. La dirección dice que prescinde de los huelguistas.
Julio de 2004 - UGT alcanza un acuerdo con la empresa. La asamblea de trabajadores lo rechaza. Propone el arbitraje, pero la empresa se aferra al acuerdo y rechaza cualquier negociación.
Setiembre de 2004 - La empresa encarga la elaboración de un plan industrial a Ernst & Young. Se producen otros dos despidos.
Manifestación nacional y jornada de apoyo el día 5
El próximo viernes, los trabajadores de Caballito en huelga han convocado una manifestación nacional, que se verá apoyada, además, por una jornada de lucha convocada por varios colectivos de estudiantes. La marcha hará especial incidencia en recordar al lehendakari, Juan José Ibarretxe, «que cuando habla de este país hay 114 familias que llevan un año de huelga y no se ha dignado en conocer de primera mano el problema», en referencia a las reiteradas demandas de reuniones que le han planteado. -
Cerca de otros conflictos
En la calle los trabajadores de Caballito se han encontrado con otros colectivos en huelga. Con muchos de ellos han compartido concentraciones y manifestaciones. A los pocos días de iniciar la huelga apoyaron a los trabajadores de ambulancias y realizaron una manifestación conjunta. Después de tres meses en huelga, los empleados de ambulancias alcanzaron un acuerdo. Con la plantilla de Fundiciones Ocáriz fueron numerosas las movilizaciones conjuntas a principios de año. Tras dos meses, también acabó esta huelga.
La plantilla de Kennametal llegó a estar un mes de huelga. Incluso los planes de Newell y Expal para cerrar sus plantas en Gasteiz, acabaron con un acuerdo.
Apoyaron a las trabajadoras de la limpieza de Basauri y a los pocos días de participar en su marcha hasta Gasteiz, y tras nueve meses de huelga, también se resolvió. Finalmente, habían convocado una concentración con las educadoras de las Escuelas Infantiles de Gasteiz. La huelga de mes y medio se suspendió al alcanzar un acuerdo con el Ayuntamiento.
«Esperemos que no tengamos que vivir más veces» estas situaciones, señalan, aunque, con humor añaden que «vamos a ir a Sestao y el siguiente que vamos a solucionar va a ser el de astilleros».
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