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MADRID | 10/02/2008 | Fuente: ABC.es Volver Atrás

55 días para limpiar la torre

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En Nueva York, a las personas con suerte ya no las llaman «afortunadas», sino «Alcides Moreno». Alcides Moreno es -podríamos estar hablando de él en pasado- un limpiacristales ecuatoriano que en diciembre se cayó desde el piso 47 de la torre Solow de Manhattan, a 170 metros de altura, y sobrevivió. Resulta que los cables que sostenían su andamio se rompieron, mientras trabajaba junto a su hermano, lo que precipitó la tragedia.
Eso, en Madrid, será prácticamente imposible que ocurra. La construcción de las cuatro torres que se levantan en el paseo de la Castellana está obligando a sus propietarios a abordar una serie de problemas que, debido a la altura tradicional de los edificios de Madrid, no tenían antes. Como por ejemplo, la limpieza de la fachada. No se trata de una labor sencilla.
El rascacielos de la Mutua Madrileña ha resuelto el problema construyendo una «góndola» que duerme en lo alto de la torre y que, cuando se necesita, se descuelga por la fachada como una araña para ir limpiando, cristal por cristal, de arriba a abajo. La tarea es ardua, lenta y, para qué decir lo contrario, para corazones robustos y a prueba de bomba.
No es fácil enfrentarse a la misión de limpiar la cara exterior de un rascacielos como este. Si se mira hacia abajo, inevitablemente, las piernas empiezan a temblar. Uno se abandona y lo deja todo en manos de la maquinaria. Confianza ciega.
Mutua, Espacio y Caja Madrid
Una empresa de Madrid (Gomylsa) ha sido la encargada de instalar el mecanismo de limpieza y conservación del rascacielos. La compañía ha sido contratada por tres de las cuatro torres del complejo: Mutua Madrid, Espacio y Caja Madrid. En la capital también se encargó de instalar el equipo de limpieza y mantenimiento de la torre del BBVA en la Castellana.
Su experiencia -la compañía se fundó en 1989- le ha llevado a firmar contratos en México, Francia, Holanda, Gran Bretaña, Israel, Alemania, China, Qatar y, cómo no, Estados Unidos. Es en Nueva York, el reino de los rascacielos, donde esta empresa ha realizado gran parte de sus trabajos. Sin embargo, la infraestructura que ha montado en la torre de la Mutua es especial, al igual que su proceso de limpieza.
La góndola -o barquilla-, con capacidad para transportar a dos empleados, se desplaza de arriba a abajo para limpiar la torre. Unos «pins» colocados por toda la fachada permitirá a esta infraestructura engancharse en cada planta del edificio. Su radio de acción sólo alcanza pocos metros de izquierda a derecha. Por este motivo, los trabajadores se verán obligados a realizar medio centenar de bajadas para limpiar toda la torre.
El proceso de limpieza, por lo tanto, lleva días. Concretamente, unos 55. Eso, siempre y cuando, acompañen las condiciones meteorológicas. Y es que, por razones de seguridad, un mecanismo impedirá que la góndola comience su descenso si las rachas de viento superan los 50 kilómetros por hora. Y es que a 250 metros de altura las corrientes suelen ser bastante poderosas.
Cien metros en un día
Los cálculos estiman que en un día de trabajo, los empleados son capaces de limpiar cien metros de largo de la torre por diez de ancho. La máquina baja a una velocidad de 10 metros por minuto. Una vez que llega hasta el suelo, vuelve a subir para comenzar de nuevo la tarea. Así hasta completar un total de medio centenar de descensos.
Es por ello que la limpieza de uno de estos edificios puede llevar casi dos meses. O más. Las góndolas, por lo tanto, estarán funcionando prácticamente sin parar ya que está previsto que la torre se limpie dos o tres veces al año. «El apelativo de Torre de Cristal que le hemos puesto, nos obligará a mantener el edificio limpísimo durante todo el año», comenta uno de los portavoces de la compañía.
Otra cosa es el material que se emplea para su limpieza. Aquí no hay grandes secretos. Una mezcla de lavavajillas con un poco de amoniaco es la mejor fórmula para dejar impoluta la fachada. En total se destinarán unos 300 litros de este compuesto para limpiar toda la torre. Sólo así los dueños de estos cuatro rascacielos podrán asegurar la limpieza de estos edificios. La operación, como se puede comprobar, es compleja y laboriosa, pero no imposible. Sólo hay una condición para concluirla con éxito: no mirar hacia abajo.

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