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TENERIFE | 31/08/2010 | Fuente: laopinion.es Volver Atrás

Limpieza vertical: Patrick y Anthony Rubes, padre e hijo, aseguran que no hay edificio en la capital chicharrera que se les resista

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No apto para personas con vértigo, el trabajo que realiza Patrick Rubes conlleva un alto nivel de peligrosidad. Cada día se cuelga de las azoteas de los edificios y limpia los cristales de las viviendas. Su compañero de fátigas no es otro que su hijo Anthony, con el que lleva dos años trabajando en su empresa. Desde hace 15 está afincado en Tenerife y se ha decantado por esta rama profesional porque ya cuando vivía en Francia se dedicaba a la limpieza vertical.

Siempre van en pareja. Es una de las condiciones indispensables para poder realizar este tipo de trabajos. Nunca pueden limpiar de uno en uno por cuestiones de seguridad. En el caso de que ocurriera cualquier incidente tienen que apoyar, ayudar e incluso rescatar a su compañero, con una rápidez extrema. Siempre se comunican con la ayuda de dos transmisores, por lo que están en permanente contacto por si ocurre alguna contrariedad.

Por esta razón, están formados doblemente. Los cursos que tienen que desarrollar giran en torno a dos materias distintas. La primera, y más indispensable que ninguna, es la formación para utilizar la cuerda. En nigún momento se enseña a escalar, porque lo que realizan estos dos hombres es descenso. La segunda línea de estudio responde a los conocimientos básicos de limpieza.

En su hoja de presentación aseguran que "no hay un lugar de difícil acceso para ellos, así como tampoco técnicas complicadas", lo que les lleva a afrontar cualquier tipo de dificultad en el trabajo, sin que se les resista ningún edificio.

En cualquier caso, la altura a la que pueden llegar varía según el lugar. Patrick no recuerda cuál es el edificio más alto en el que ha trabajado, pero "era muy alto", exagera. Ambos trabajadores aseguran que nunca se les ha resistido ninguna altura, "por muy alta que fuera, siempre nos hemos atrevido".

Padre e hijo viven en el Sur de la Isla pero por norma trabajan la mayoría de las ocasiones en Santa Cruz. La razón es que "en el Sur no hay edificios tan altos y con tantos cristales como los puede haber aquí en el centro". "Este trabajo no nos hace ricos, pero sí da al menos para vivir, algo que hoy en día es un lujo para todos", asume el padre.

El verano es la peor época para hacer este tipo de tarea. Entre los inconvenientes destaca el calor, que con las altas temperaturas "los productos que utilizamos para limpiar se secan muy rápidamente y es imposible dejarlo todo impecable como nos gusta", explica Anthony. Además, con el sol, al trabajar en cristales "rozar las piernas sobre ellos es imposible, porque no se soporta la temperatura". "Estamos colgados mucho tiempo y no siempre se aguanta el calor", asegura Patrick.

La seguridad

El equipo con el que trabajan se ve sometido a constantes revisiones. De manera minuciosa se comprueba en cada encargo todo el material. La seguridad es importante, de ahí que la inversión en ella también lo sea. No escatiman en ningún tipo de gasto porque "jugamos con nuestra vida cada vez que descendemos por una azotea", explica este trabajador autónomo.

Entre los principales accesorios que llevan de forma obligatoria están las dos cuerdas que los sujetan a una de las partes más importantes del edificio: el enclave de la azotea. Con una de las cuerdas se amarran y van descendiendo poco a poco por la pared, y la otra solo funciona en el caso de que haya un fallo. Afortunadamente ni a Patrick ni a su hijo Anthony les ha pasado nunca nada. Pero siempre hay que estar alerta.

Además de las dos cuerdas, en el trabajo de limpieza vertical son también importantes, e imprescindibles, muchos otros elementos de seguridad. Entre ellos destaca todo el equipo de protección personal. Comprende todos los dispositivos y accesorios que debe llevar consigo siempre el trabajador. Aquí destacaría el casco, ropa protectora de diferente tipo y cinturones que salvaguarden de posibles futuros dolores de espalda.

Una de las cosas que más valoran estos profesionales "es que trabajamos todo el día sentados mientras limpiamos", comenta entre risas Patrick. Sobre una tabla acolchada limpian las ventanas, siempre, eso sí, sujetos con varios arneses como muestra de seguridad. Entre los que suelen utilizar se encuentran los arneses para el pecho con correas también para las piernas que, en caso de caída, distribuyen su peso a través del pecho y sus caderas, lo que se traduce en una mayor protección de todo el cuerpo. Además, "gracias a ellos, nos impulsamos y apoyamos con las piernas para poder movernos más fácilmente de un lado a otro de los ventanales", agrega Anthony.




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